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Escobar, 08 de marzo de 2019

Opinión

La Otra Orilla


Recordando un viejo cuento chino, me vienen a la mente algunas reflexiones que quiero compartir en este día. Puede que sean útiles, puede que aporten algo y en el peor de los casos no creo que hagan daño alguno.


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por @jorgecarusso para @escobarsite
Publicado en agosto de 2009



En oriente, los maestros se eligen y si ellos lo aceptan, el discípulo pasará parte de su vida junto a él para aprender lo máximo posible. Porque él es la escuela.
Elegir el maestro adecuado es la decisión suprema.

Cuenta la historia que maestro y discípulo recorrían un largo trayecto mientras compartían largas discusiones sobre complicados temas filosóficos.
Cuando llegan a la orilla de un río se encuentran con una bella jovencita que esperaba para que alguien la ayudara a cruzar.
La joven le pregunta al discípulo si la podía cargar hasta el otro lado. Este, entre asustado y confundido, se disculpa diciendo que no puede porque es un monje y no estaría bien visto si lo hacia.
El maestro atento a lo que ocurría, se ofrece a cargar la bella dama por las aguas torrentosas.
Termina de pasar y al llegar a tierra seca la descarga y todos prosiguen su ruta.
Después de un largo rato, el discípulo no pudo más y le pregunta:
-¿Maestro, hizo bien en cargar a esa bella mujer?
El maestro sin inmutar y ni siquiera girar la cabeza le contesta con una pregunta.
-¿Sabes cual es la diferencia entre tu y yo con respecto a la bella mujer?
-¡No! Exclama el joven.
-Es que yo cuando llegué a la orilla la descargue y tú todavía la llevas encima.

Todos los días subo mujeres para ayudarlas a cruzar el río. Así como las subo las bajo cuidadosamente en la otra orilla sin problema alguno. Sin Preocuparme si me vieron cuando la subí o si me vieron cuando la bajé. Y como todos saben estoy lejos de ser un maestro en algo.
Pero la sociedad no te perdona. No lo hizo, no lo hace y por más esfuerzos que hagan masas numerosas de desconformes no lo hará nunca.
Vivimos atrapados en nuestra mente con los barrotes que ayudamos a colocar a nuestros propios captores.
Cautivos, estúpidos y totalmente convencidos vivimos girando alrededor de nuestros propios miedos a tal punto que pedimos disculpas cuando tocamos a alguien sin querer en el colectivo.
Distamos mucho de la iluminación del maestro para darnos el maravilloso gusto de vivir nuestra vida y no la de los demás. Lo peor de todo que nunca alcanzaremos al maestro y mas aún en la medida que tratamos de hacerlo la vida se nos escapa vertiginosamente, la diferencia se mantiene igual y ... perdemos momentos maravillosos que jamás se repetirán.
Así como nos preocupamos de la comida de nuestro cuerpo, de la misma manera el espíritu espera y necesita esa alimentación que le permita seguir su existencia con el equilibrio necesario para llegar, con su envase, a buen término.
No pide mucho, tampoco son cosas caras. Las podemos conseguir en cualquier lugar, en cualquier momento y la sobredosis no es fatal. Podemos alucinar pero no es dañino, aunque si puede ser adictivo.
En una de esas ya es el momento de vivir el lado prohibido de la vida.
¿Porque no decir que extrañamos a alguien que hace un tiempo que no la veíamos?
¿Por que no ir del brazo o tomados del hombro por la calle con un amigo o amiga.
¿Por que no decirle a alguien que se ve bien, que esa ropa le queda muy elegante o que le favorece el peinado?
¿Porque no llevar flores a las personas que comparten nuestra existencia sin esperar un acontecimiento especial?
¿Porque no decir que queremos a alguien, como si eso no implicaría nada más ni nada menos que sentir que nos importa?
Quizás nunca seamos maestros para poder darnos esos maravillosos gustos que nos da la sabiduría, pero desde nuestra vasta y espaciosa ignorancia podemos permitirnos comenzar a tomar adelantos.
Porque hacernos los duros, si somos tan blandos y vulnerables como los caracoles que pisamos diariamente en nuestro jardín?
Como lo dije antes, todos los días subo tanto mujeres como hombres para ayudarlos a cruzar el río. Así como los subo las bajo cuidadosamente en la otra orilla sin problema alguno. Sin Preocuparme si me vieron cuando los subí o si me vieron cuando la bajé.

Si temes que la gente crea que has hecho algo malo, hay algo bueno en lo malo. Si estás ansioso porque la gente sepa que has hecho algo bueno, entonces hay algo malo en lo bueno.


::Breves
(...)
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