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Escobar, 23 de setiembre de 2108

América latina


El soborno cotidiano y el desfalco a lo público

Por MARC KOCH

El Lava Jato en Brasil, el caso Duarte en México, los cuadernos en Argentina, entre otros escándalos, han marcado la agenda. ¿Cómo impactaron estos temas en las finanzas estatales?

Lava Jato, Brasil 2014, más de 10.000 millones de dólares. El caso Duarte, México 2016, al menos 1700 millones de dólares. Los cuadernos de las coimas, Argentina 2018, al menos 600 millones. Ese es el precio de la corrupción. Tanto dinero perdieron los Estados afectados.


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Marc Koch

Periodista y autor. Reside en Wiesbaden, Alemania. Trabaja para la televisión y la radio de la cadena pública alemana ARD y escribe para varias revistas. Fue corresponsal en América Latina, España y Francia



Y estos son solo tres de los mayores escándalos de sobornos en los últimos años en América Latina. El soborno es parte de la vida cotidiana. A diferencia de Europa Occidental o los Estados Unidos, es socialmente mucho menos proscrito. En Perú, por ejemplo, 7 de cada 10 personas toleran prácticas corruptas, según una investigación de la organización no gubernamental Proética, la filial peruana de Transparency International. Samuel Rotta, director ejecutivo de Proética, explica la actitud negligente de sus compatriotas:

"Los peruanos sabemos que algo está mal, sabemos que es corrupción, pero no nos parece importar mucho. Hay como una normalización de este tipo de conductas" (Siete-de-cada-diez, 3.8.18)

Pero la corrupción no es un pecadillo, porque priva a los Estados involucrados de miles de millones de dólares, que en otras partes faltan para la inversión que tanto necesitan. Y socava la confianza en el Estado y sus instituciones. Nadie reacciona a esto tan rápido y con sensibilidad como la propia economía: después de que el caso de La Línea, una larga red de corrupción que involucraba al propio presidente Otto Pérez Molina, fuera descubierto en Guatemala en 2015, la confianza económica cayó un 60 % en solo cinco meses, según la Encuesta de Expectativas Económicas (En cinco meses…, 30.8.15). En Brasil, el producto interno bruto bajó un 10 % en tres años a través del escándalo Lava Jato (lavadero, en castellano). (Produto … 27.6.18)

Ni siquiera las estructuras democráticas que existen en casi todos los países latinoamericanos son una garantía contra la corrupción. Esto se demuestra no solo en Brasil, donde, además de la historia casi mafiosa del Lava Jato que afecta al grupo Petrobras, se han descubierto docenas de otros casos de corrupción, incluyendo la construcción de los estadios para la Copa Mundial de 2014. También se demuestra en Argentina, que actualmente está viviendo el mayor escándalo de sobornos en su historia: casi dos docenas de políticos y empresarios están bajo custodia. Implica millones en pagos por contratos gubernamentales encarecidos durante los mandatos del presidente Néstor Kirchner (2003-2007) y su esposa y sucesora Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015). Especialmente en estos doce años, cuando Argentina se cerró con el intervencionismo estatal y el aislamiento económico, la corrupción estaba profundamente enraizada hasta en las instituciones democráticas. Y la lucha contra ella fue superficial, como escribe el historiador Luis Alberto Romero:

"En la provincia de Buenos Aires hubo intentos de eliminar la corrupción de la Policía bonaerense, pero fueron esporádicos y poco exitosos, y finalmente se volvió al sistema de acuerdos espurios, para tolerar sus actividades y limitar su visibilidad. En el caso de la Policía Federal, el Gobierno nacional aceptó durante estos años sus prácticas corruptas tradicionales […]". (Romero, 2012, p. 385)

Otro factor que ha favorecido la corrupción en Argentina, en lugar de luchar contra ella, es la excesiva política de clientelismo de los gobiernos de los Kirchner. Innumerables programas sociales lograron que la pobreza en el país bajara en parte. Al mismo tiempo, los controles estatales en la lucha contra los abusos de estos programas fracasaron, según escribieron las periodistas Alejandra Gallo y Martín Dinatale en un estudio de 2013:

"Poco se puede esperar de los organismos de control estatales en la Argentina para corregir los planes sociales errados o para enmendar aquellas políticas asistenciales […]. Lamentablemente los mecanismos dispuestos en todos los casos resultaron insuficientes o inoperantes a la hora de resolver y terminar con complejas prácticas de corrupción en los programas sociales". (Dinatale y Gallo, 2013, pp. 163-164)

El reciente escándalo de corrupción en torno a los cuadernos de las coimas corresponde a las muestras bastante conocidas en otros casos de sobornos en el continente: siempre se trata de dinero público, escribe el diario español El País:

"Con las debidas diferencias, se trata de un entramado similar al descubierto […] en otros países de Sudamérica donde los fondos y comisiones generados por la obra pública terminan financiando la política y, en algunos casos, sirviendo para un notable lucro personal" (Corrupción…., 22.8.2018)

Pero gradualmente estas redes e interconexiones parecen perder su estabilidad. Los ciudadanos, la justicia e incluso la economía están detrás de los fiscales independientes que investigan el caso Lava Jato en Brasil. Ahí y en Argentina, ahora hay leyes que hacen posible la indulgencia a través de arreglos de testigos principales, lo que lleva a más confesiones. En Guatemala, en 2015, la presión de las redes sociales y de la Comisión Internacional Anticorrupción terminó en la renuncia del presidente Pérez Molina. Y en Argentina, el asesor político Carlos Fara cree que las cosas podrían cambiar después del reciente escándalo:

"Difícil de predecir, obviamente. Pero en todo caso es un golpe fuerte que actuará como sedante por un tiempo largo, ya que "si las barbas de tu vecino ves cortar, pon las tuyas a remojar"" (Fara, 10.8.2018)

Tal vez esto finalmente lleve a la clase política en América Latina a la comprensión: muchos de sus miembros se han beneficiados de la corrupción hasta el momento. En abril, una cumbre anticorrupción en Lima terminó sin resultados verdaderos. Y la expresidenta argentina Cristina Kirchner considera las acusaciones en su contra como manipulación (Di Marco, 24.8.2018).

Pero, al fin y al cabo, la solución del problema de la corrupción debe ser política.


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