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Historia | Creación del Rotary Club de Escobar| Escobar

LOS COMIENZOS DEL ROTARY CLUB  DE ESCOBAR

Por Canio Nicolás Iacouzzi


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INTRODUCCIÓN

En el mes de marzo de 1983 la Junta Directiva del R.C. de Escobar me encomendó la publicación de las memorias relacionadas con lo que hicimos en los primeros meses de vida de nuestro Club, hasta llegar a la entrega de la Carta Constitutiva. Con el motivo de rememorar esos gratos recuerdos, hoy se vuelven a publicar esas páginas que, mediante el propósito de celebrar las bodas de plata del Rotary Club de Escobar, hicieron su primera aparición hace catorce  años.    La obtención de nuestra Carta Magna había sido fijada, por la Secretaría de Rotary Internacional, para el siete de enero de 1958,  fecha que, por motivos prácticos, se optó por trasladarla al día diez de mayo.  Dichas memorias se venían ya relatando en forma de programas durante las normales reuniones del Club, despertando el interés de los oyentes.La Junta Directiva vigente,  en la proximidad del cuadragésimo aniversario de la Institución, vuelve a encargarme  la  recopilación de todo lo publicado en ese entonces.He aceptado con sumo placer la tarea, puesto que, al volver sobre lo ya escrito hace casi tres lustros, tengo la sensación de retrotraerme a los momentos agradables y apasionados que nos llevaron a la recepción de la Carta Constitutiva.He respetado escrupulosamente todo lo que pude volcar en el librito que se imprimió en el mes de abril de 1983, para no deformar el contenido de las noticias transcriptas en él.Sinceramente espero que los actuales integrantes del Rotary Club de Escobar sepan entender esas genuinas formas de expresión que recuerdan el nacimiento de una de las instituciones importantes de Escobar: las obras realizadas pueden corroborarlo.He invertido treinta y tres años de mi vida formando parte de las líneas avanzadas del R.C.de Escobar, y sigo pensando que fue una muy buena inversión. Aún estando fuera de Rotary, sigo practicando los mismos principios que me alentaron durante todos los años de mi permanencia en él.  Tal vez será por el estilo de vida que elegí y que pienso seguir practicándolo por el resto de mi existencia. Agradezco la preocupación del Presidente Juan Carlos Papa por haberme dado la posibilidad de ocuparme una vez más de las cosas de Rotary. Deseo, con este modesto aporte, poder colaborar a una feliz estructuración del Club, orientándome en modo particular hacia los que han ingresado recientemente y no tienen bien claro la mecánica de la Institución. Ellos son los encargados de perpetuar los principios rotarios, con sumo beneficio de los demás y también en provecho propio.  En un mundo de descreimiento casi total, son argumentos que todavía tienen plena vigencia. A los que ya tienen años en Rotary le digo que siempre habrá en Escobar un Rotary Club eficiente mientras haya alguien que recoja la antorcha y se proyecte con ella hacia el futuro.  Con mucho cariño                                                                                               

Canio Nicolás Iacouzzi

Escobar, agosto de 1997

PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN

Al aceptar la honrosa, aunque no fácil, tarea de prologar este relato de la vida rotaria de nuestro Club, en su 25º aniversario, estimaba que encontraría en el contenido de sus párrafos tan solo la demostración de un nuevo “acto de servicio”.Muy pronto tuve la oportunidad de modificar este concepto puesto que, al imponerme de su escrito, descubrí que a través de la prolijidad y continuidad de sus relatos, volví a vivir gratísimos momentos rotarios que tenía relegados en un injusto olvido; en fin sentí, junto a mis amigos, que ayer fueron y que hoy son, aún alejados de la vida rotaria.Creo que en ello está precisamente el gran mérito de este relato, al que debemos valorar no sólo por su exactitud cronológica sino fundamentalmente por su fuerza evocativa, que se impone al lector naturalmente; como sólo lo logran aquellos que escriben con afecto hacia el Amigo, con cariño hacia la institución y con apego a la identidad filosófica que nos congrega.    

 Raúl Fellay                              Escobar, 10 de mayo de 1983     

EL “RACCONTO”

El “racconto” de nuestro Club es el de cualquier otro Rotary Club, es el testimonio de tantos esfuerzos y buenas voluntades hacia un mismo fin, es la genial locura de un puñado de hombres que, a pesar de los tropiezos con las dificultades diaria de la vida cotidiana, creyeron en sus semejantes.  Es el relato supremo de cómo no cortar el hilo que nos une a nuestro mundo.También es la reseña de lo sublime que este núcleo ha venido realizando, convencidos de estar preparados a jugarse y, por supuesto seres humanos al fin, a equivocarse.Los que asumen la cómoda posición de participar en el mundo sólo mirándolo de la inocua baranda de un balcón, no se equivocarán jamás.Un acontecimiento, una manifestación, un hecho que parece baladí en el momento en que se produce, si los proyectamos en el futuro, filtrados a través de tiempo y de las consecuencias que pudieron provocar, van construyendo el camino de la institución.Es así como, aplicando la cuenta regresiva, hurgando en los archivos y en los recuerdos, una carta, una anotación, un párrafo de un acta apenas legible, constituyen el material necesario, del cual brinca, con toda la prepotencia de un hecho irreversible y con la ternura de un hijo pródigo, el “Racconto de nuestro Club”.Han transcurrido ya veinticinco años, e intentaremos cristalizar el propósito de describir en forma amena como recorrimos el camino que nos llevó al diez de mayo de 1958, o sea a la ceremonia de “entrega de la Carta Constitutiva”. Esta fecha fue solamente simbólica.  Conviene recordar que la fecha real de la mencionada entrega fue el siete de enero de 1938, tal como consta en el Documento Oficial recibido de la Secretaría de Rotary Internacional. La fecha del diez de mayo fue una fecha de conveniencia puesto que en el mes de enero, debido a la época de las vacaciones, no se podía esperar una concurrencia de público a la ceremonia, acorde con un evento tan importante.LOS PRIMEROS PASOSCon tantos clarividentes, alguien tenía que darse cuenta que en Escobar cabría un Rotary Club: fueron nuestros buenos amigos de la ciudad de Campana.  Iniciadas las gestiones previas, tropezaron con que al R.C. de Pilar le tocaba ceder la mayor parte del territorio necesario a la formación del nuevo Club, así que los rotarios de Pilar consideraron muy oportuno continuar la tarea encaminada por los de Campana. Estos, ética de camaradería mediante, dejaron vía libre a la concreción de la idea, de modo que el R.C. de Pilar se erigió en nuestro Club Padrino.  Todo ocurrió casi a mediado del año 1957.Los límites del Club fueron determinados aproximadamente.  Más tarde, en 1960, con la creación de Partido de Escobar, se convino que los mismos coincidiesen con los límites del Partido. Entre los socios del R.C. de Pilar cuatro eran residentes en Escobar: Cesar y Justo Ballester, Emilio Vergani y Arnoldo Wassermann.  Se concertó que no todos ellos se  alejarían del R.C. de Pilar para integrar el nuevo Club; caso contrario el Club Padrino se vería desmembrado y afectaría hasta su misma supervivencia.Era gobernador del Distrito 489, Manuel José Crespo del Rotary Club de Chacabuco, quien confió a César Ballester la organización de nuestro Club, la que fue hecha en la base de las clasificaciones cubiertas y vacantes.  Todo esto lo ignorábamos en ese momento y desconocíamos, la mayoría, la existencia de Rotary.Un día, en una de las visitas que yo realizaba casi diariamente al corralón de “Los Dos Cuñados”, ubicado en el mismo sitio de la “Casa Manuel Rizzardi”de hoy, aunque mucho más modesto, se me acerca Manuel para preguntarme, de improviso, si conocía algo de Rotary.  A él alguien le había informado ya.  No recuerdo exactamente cómo me lo explicó, lo cierto es que debí aparentar de haber entendido poco.  Al fin Manuel quiso salir del apuro: “Mirá, me dijo, venite esta noche a casa del Dr.Ballester, allí te lo explicarán mejor.  Si después no te agrada, no venís más y chau”.  Me intrigó la proposición, y a la hora fijada, estaba en la vieja casa de Don César, la que fue del Dr. Erill, que fue luego demolida para construir la nueva. Conmigo estaban también parte de los que iban a ser los futuros fundadores del Rotary Club de Escobar.LAS PRIMERAS REUNIONESYa en la casa de Don César, saboreando un buen café y algún trago, nos explicaron los principios de Rotary.  Lo que escuchábamos no eran ideas abstrusas, se  comprendían fácilmente: amistad, comprensión, lealtad en los negocios, oportunidad de servir a los demás.  En suma eran normas de vida, las que aplicadas al proceder cotidiano, daban la posibilidad de realizar y realizarse en forma inequívoca y, combinadas entre sí, permitían desenvolverse mejor en el medio ambiente, brindándonos la ocasión de devolver a la Comunidad una pequeña parte de lo mucho que nos dona cada día, directa o indirectamente.Al cabo de un par de reuniones así, en forma privada, nuestros padrinos consideraron que era necesario derivarnos a una verdadera reunión rotaria.Nos reunimos en la vetusta casona de los Vallare, que Don Pedro, heredero de la misma, había transformado en hostería.  Recuerdo que comimos buseca, y bien preparada.Nosotros los neófitos, observábamos todo con suma curiosidad,  hasta donde lo permitía la muy escasa iluminación de la sala. No obstante la buena voluntad de Don Pedro, quien había suplido con unos cuantos faroles de queroseno al poco fluido eléctrico que apenas llegaba a Villa Vallier.El mazo, la campana, el mástil, las avenidas: todas cosas nuevas y, en cierta forma, muy interesantes.  Seguíamos cuidadosamente el desarrollo de la reunión para sacarle provecho.  A los postres, alguien del Club Padrino sugirió que nos preguntasen si queríamos comentar u opinar algo.  Dado que no embocábamos argumentos posibles y también por la sorpresa de la pregunta, un amigo de Pilar me aconsejó que narrara algún hecho vivido.  Previo consentimiento de los oyentes, pude referir unas peripecias padecidas en mi campaña de guerra rusa del 1942-43.  Se trataba de la suerte de haber encontrado un mulo errante, abandonado y de la ayuda que me había prestado durante una infeliz retirada de casi cincuenta kilómetros desde la línea de fuego.Terminé el relato con el abandono del mulo, al poderme juntar con el resto de mi batallón.Evidentemente fue un racconto patético, pero decepcionó a Mariano Olivera, quien, mientras me escuchaba, estaba calculando un desenlace distinto. Se imaginaba que después de tanto sacrificio y tanta hambre, por lo menos me iba a comer una parte del mulo.  Así me lo confió al terminar la charla de mi aventura. Recuerdo que hicimos dos o tres reuniones más en la “Hostería de Villa Vallier”. En una de ellas fue charlista Justo Ballester con un relato sobre Finlandia.  Monografías y publicaciones obtenidas de la embajada finlandesa, complementaron una muy buena exposición.En las pocas reuniones que llegamos a realizar, aprendimos bastante sobre el funcionamiento de un Rotary Club, mejor dicho lo suficiente para empezar a desenvolvernos  solos.  Con el transcurrir del tiempo pudimos valorar el empeño del Club Padrino para con nosotros, y en especial el de Don Cesar que era el responsable ante el gobernador para lograr ese comienzo de autonomía.La casualidad quiso que en esa misma “Hostería Vallier”, con casi un año de anterioridad, en septiembre de 1956, se hallaban reunidos el Dr. Armando Maggio, el Dr. Adolfo Siri y el Sr. Armando Dallera, todos rotarios de Campana, con un grupo de vecinos de Escobar, entre ellos el Dr. Luis María Morales, Fortunato Benzaquen, Santiago Murphi, Roque Milite.  Motivo de la reunión: la posible formación de un club rotario en Escobar.  Por las razones ya expuestas, los de Campana no llegaron a materializar la noble inquietud, mas la semilla había caído en tierra fértil.  Hoy nuestro Club, en modesto reconocimiento, considera al R.C. de Campana como el “Club Abuelo”.Lo amigos rotarios de Pilar estaban seriamente empeñados en ayudarnos a ser autónomos, y lo demostraron realmente, pues nunca faltaron representantes de Club a nuestras reuniones para enseñarnos cosas.  A veces era el Club entero que trasladaba sus reuniones a Escobar para que nos diéramos cuenta de la forma correcta de su desarrollo.  Así pudimos ampliar nuestros conocimientos sobre la nueva terminología pidiendo la explicación de cada cosa que ignorábamos.¿Quienes eran los socios del Club Padrino en ese momento?  Podríamos saberlo consultando alguna guía.  Mejor recordar los que quedaron grabados en la memoria.  Como olvidarse del amigo Carlos Pandolfo, por haberlo tenido a mi lado, por sus exuberantes dimensiones físicas, por haberlo visto dormir cuando las reuniones llegaban al final.  Como no mencionar a los amigos César y Justo Ballester, Roberto Girerd, Dante Manzoni, Arnoldo Wassermann, Catoldo Bonfanti, Emilio Vergani.  Todos se preocuparon de aclararnos conceptos sobre la exacta interpretación de los objetivos rotarios.  Nos enteramos también que, de concretarse su filiación, nuestro club formaría parte del Distrito 489.  Para nosotros era más que suficiente, pero años más tarde descubrimos que ese distrito se había formado en el mismo año 1957.  Anteriormente, hasta 1949, había sido el Distrito 138, y diez años antes, era el Distrito 32, el cual derivaba del famoso Distrito 63, que en 1927 abarcaba la República Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.El flamante Distrito 489 contaba entonces con poco más de 1500 socios, hoy llega casi a los 2500 con 78 clubes, a pesar de la quita de territorio sufrida en 1970 para dar vida a los distrito 488y 490.EL CLUB SOCIALLuego de cuatro o cinco reuniones en conjunto con el Club Padrino, nuestros asesores consideraron que estábamos en condiciones de podernos manejar solos, y nosotros también lo estimamos muy oportuno.Se trataba de encontrar un local apto para realizar las reuniones y luego nombrar las autoridades que actuarían provisionalmente.  Una elección digitada indicó a Fortunato Banzaquen y Roberto Martelli como presidente y secretario.  Los mismos realizaron todas las gestiones necesarias y consiguieron el permiso de efectuar nuestras reuniones en el salón de Club Social, instalado en la planta alta del edificio que tiene su ubicación en la esquina de la calles Eugenia Tapia de Cruz y Juan P.Asborno, en la misma vereda de la Iglesia Parroquial.Accedíamos al primer piso por una escalera de madera que, tiempo atrás, pudo haber sido un buen elemento arquitectónico, pero el uso y el transcurso de los años habían consumido los peldaños, y la pisada apoyaba sobre una superficie indefinida, más bien irregularmente cóncava.  La baranda, también de madera, indicaba solamente que allí terminaban los peldaños: no convenía apoyarse porque la habían sujetada al resto con trozos de caños de hierro y algún metro de piolín. Como no estaba iluminada, lo más conveniente era subir costeando la pared.Arriba, un salón de casi cuatro metros por nueve con mostrador y bar en el otro extremo. Allí dominaba el ambiente un enorme espejo de cornisa dorada y contornos rococó. No faltaban las consabidas ménsulas de cristal con unas cuantas botellas de bebidas alcohólicas.  Al centro una mesa muy estirada ocupaba casi todo el largo disponible. A causa de la crónica deficiencia de energía eléctrica, las muchas bombillas rojizas, que adornaban las paredes, no alcanzaban a iluminarlo todo, pero todo tenía un aire de fiesta y nos sentíamos muy cómodos para el fin de nuestra presencia en ese lugar.  Las deficiencias, las pasábamos por alto.El grupo se iba ensanchando gracias a la preocupación de cada uno de nosotros.  Mi aporte al incremento del número de socios fue el haber provocado la presencia del Dr. Juan José Lalli y Don Walter Smith. Invité al primero por tener el consultorio odontológico en el mismo piso en que funcionaba mi oficina, y al segundo por haber mantenido relaciones amistosas desde los primeros meses de mi estadía en tierra argentina. El amigo Lalli no estaba muy convencido de la eficiencia de Rotary pero decidió venir y se quedó.  Don Walter, cuando lo visité en su quinta de El   Cazador, se mostró muy entusiasta por mi invitación y me manifestó en el acto su deseo de integrarse.  Para corroborar su decisión, declaró que ya tenía conocimiento de lo que era un Rotary Club.A fin de octubre de 1957 habíamos alcanzado el número de veinte futuros socios, el mínimo exigido por Rotary: faltaba solamente el reconocimiento de la Secretaría Internacional. Estábamos actuando como un club rotario en formación, y la gran noticia de nuestro nacimiento la dio el Gobernador Crespo en su carta mensual de diciembre 1957.  Textualmente la comunicación a todos los clubes de distrito estaba redactada en esta forma:“El sábado 14 de noviembre ha comenzado a actuar en carácter de Rotary Club Provisional un grupo de entusiastas hombres representativos de las actividades profesionales y empresarias de la localidad de Escobar, cuya nómina es la siguiente:  Emilio Bertolotti (id.) Alimentación), Roberto G.Martelli (agrimensura), Canio Nicolás Iacouzzi (constar.) Edif.) Reinaldo Baleriano (fabr. Acumuladores), Fortunato Benzaquen (almac. Tienda), Roque Milite (carne venta), Manuel Rizzardi (mater. Constr.), Alberto Ferrari Marin (ens. Secund.), Walter J. Smith (constr. Ferrocarril), Armando Leonarduzzi (fabr. Ladrill.), Amadeo Monti (bebidas carb.fabr.), Hugo Aurelio Bardelli (prod.farm.fabric.), Raúl D’Alessandro (seg. Acc.), José G.Aldorisio (art. Eléctr. Venta), Santiago Murphy (seg. Vida), Juan José Lalli (odontología), Mariano O. Olivera (forraje venta), Jorge Kawano (almac. Venta), Elio Mancioli (fotografía).”“Han venido realizando regularmente sus reuniones semanales en el Club Social de Escobar (frente a la plaza), los jueves a las 21 horas, de lo que les ruego tomar nota y tener presente para visitarlos en la primera oportunidad. Acompañado por mi representante especial Don César Ballester, mantuvimos en la recortada fecha una agradable reunión con los nuevos compañeros de Escobar, quienes pusieron de manifiesto una adecuada preparación e interés, lo que nos hace augurar su efectivo desenvolvimiento futuro”. LAS PRIMERAS BAJASLa exhortación de Gobernador Crespo a todos los clubes del Distrito dio sus buenos frutos:  Casi todas las reuniones se vieron complementadas con la presencia de uno o más socios de otro Club, quienes venían para alentarnos pero también para observar como enfocábamos los distintos problemas sin provocar incompatibilidad con el estatuto y reglamento de Rotary, de los cuales todavía ignorábamos la esencia.Todo socio rotario debería valorar la efectividad de su visita a otro Club, y en especial si el mismo es de reciente formación.  Su presencia, acompañada de una discreción que la experiencia aconseja, es un contribución moral de indudable eficacia, y permite ampliar el horizonte de la amistad sin degradarla como monopolio de pocos.  En esos primeros meses, periodo de forja para todos nosotros, necesitábamos ese apoyo y lo conseguimos.Sin esperarlo todo de los demás, nos movilizamos lo suficiente para no dejar en descubierto la confianza con que nos habían gratificado.  No obstante, casi a fin de diciembre del mismo año, se produjo la primera baja:  Alberto Ferrari Marin dejó de concurrir a las reuniones sin motivos aparentes y sin justificar la causa de su decisión.En la comunidad escobarense eran muy pocos (tal vez nadie) los que podían opinar sobre Rotary, por consiguiente abundaban las personas mal informadas que se preocupaban de propalar suposiciones anómalas y fines hipotéticamente no manifiestos de nuestra Institución.  No faltaba quien sabía que Rotary era una secta masónica, otros afirmaban que no gozaba de simpatía en las esferas de la Iglesia Católica, alguien aseguraba que era una célula de espionaje norteamericana, y tantas otras cosas absurdas. Como socio de Acción Católica que era en esa época, se me podía originar una cuestión de antagonismo con mis creencias.  Al fin resolví el problema con criterios personales.  En primer término, pensé, podía haber esquivado la invitación a integrar el conjunto rotario; en tal caso otro invitado hubiera ocupado mi lugar.  Luego consideré que los componentes de la flamante Institución, ya eran mis amigos, o por lo menos muy conocidos, así que no podía ocurrir nada extraño.  Además, en definitiva,  tenía la oportunidad de ver las cosas de cerca y advertir cualquier acontecimiento incómodo.A mediado de enero de 1958, una comunicación de Rotary Internacional nos informó que ya formábamos parte de la familia rotaria a partir del día siete del mismo mes. La Carta Constitutiva llegaría luego.No teníamos todavía el botón rotario para colocarlo en la solapa, y encargamos a César Biglieri, recién incorporado, y que viajaba diariamente a Buenos Aires, de traer unas muestras. Trajo tres: uno de m$n 14, otro de m$n28 y el último, de oro, de m$n 104.  Al momento de elegir se originó una polémica que nos costó la baja de otro socio. Algunos de los presentes aceptaban cualquiera de los tres, otros aconsejaban comprar el de m$n 28, y Roque Milite sustentó la opinión personal de que era necesario comprar el botón de oro.  Mariano Olivera intervino para aclarar enfáticamente que para él podía andar muy bien un botón de hormigón armado.“Que cada uno compre el botón que quiera”, refunfuñó Emilio Bertolotti, evidentemente molesto por la controversia que se venía originando.  Roque Milite salió en defensa de su argumentación alegando que no se debía alterar la uniformidad del distintivo. “Va a parecer un carnaval” dijo; aparte, y con palabras serias, juzgó con severidad el criterio de Mariano Olivera, considerándolo como una falta de respeto al presidente de la mesa.  Agregó que se sentía muy ofendido por todo lo que acababa de escuchar. En ese momento no se dio mayor importancia a lo ocurrido, pero Roque Milite no integró más la lista de socios.LA ENTREGA DE LA CARTA CONSTITUTIVA No había transcurrido el mes de marzo de 1958 y ya teníamos nuestro banderín, al cual me tocó contribuir bosquejando la distribución de sus elementos.  La mayoría optaba por la forma triangular: me pareció oportuno dibujar el nombre de Escobar con letras de mayor a menor para acompañar la forma del triángulo, y remplazar la O del centro con la rueda rotaria. Alguien sugirió que figurara también una flor en homenaje a los cultivadores de la zona: signo premonitorio de nuestro futuro padrinazgo a la “Fiesta Nacional de la Flor”.  Primero se señaló una rosa, luego un clavel y por último se optó por un gladiolo.Para diferenciarlo de los demás banderines de los años subsiguientes, vale la explicación de que nuestro primer banderín tuvo la forma de triángulo isósceles de diecinueve centímetros de base por cincuenta y tres de altura: en rayón de fondo blanco tiza y ribete dorado.  Puesto horizontalmente, a la izquierda figuraban las palabras Rotary Club con letras doradas, atravesadas por un gladiolo.  En la parte alargada, la palabra Escobar con letras azules y la O cambiada con una rueda rotaria dorada: debajo de ella la aclaración de nuestro distrito.En el mes de abril comenzaron los preparativos para la fiesta de entrega de la Carta Constitutiva, o sea el reconocimiento oficial y público de nuestra Institución.Tratamos los servicios del restaurante “Los Patos Viccas” en Ingeniero Maschwitz, a pocas cuadras del Automóvil Club.  Hoy ese gran local, con techos de tejas coloniales y una gran chimenea en el medio, no existe más: ha sido demolido para dar paso a la autopista del “Acceso Norte”.Fortunato Benzaquen, en su calidad de presidente provisional, a parte de cuidar los detalles de la fiesta, había encargado una reproducción de la rueda rotaria sobre una tela de dos metros por dos, la que adornaría la cabecera de nuestra mesa.La imprenta de Ernesto Cruz, frente a la plaza de Escobar, se encargó de los folletos con menú y programa. La contratapa de mismo llevaba impreso los nombre de los integrantes de la Comisión Directiva y la nómina de los que habían sido los socios fundadores.  En la parte programa se podía leer: Izar la bandera. 2º) Himno Nacional. 3º) Presentación delegaciones visitantes. 4º) Palabras del presidente del Club Padrino, Don Roberto Girer. 5º) Entrega de la Carta Constitutiva por el Gobernador del Distrito, Don Manuel Crespo. 6º) Palabras del presidente del Rotary Club de Escobar. 7º) Entrega de botones rotarios. 8º) Canje de banderines. Números artísticos.  Maestro de ceremonia, Roberto Martelli. El menú indicaba: fiambres surtidos, ensalada rusa, canelones a la Rossini, pato Vicca, café, champagne.  Sobraba también un espacio para autógrafos.Todo había sido calculado minuciosamente, o por lo menos así lo estimamos. Lista a la mano, se repasaba cada cosa para no dejarla librada al azar.  Nos interesaba quedar bien con las visitas.Sin tener intención de atropellar al tiempo, llegó la noche del 10 de mayo de 1958.  Había llovido toda la tarde en forma descomunal, y la entrada al restaurante estaba bastante fangosa.Cada uno de nosotros tenía su precisa tarea para desarrollar.  Junto al amigo Murphy nos tocaba recibir y ubicar las delegaciones visitantes.  Fue todo muy bien hasta que se terminaron las localidades preparadas, y no había más mesas disponibles. Las visitas seguían llegando, a pesar del mal tiempo:  nosotros, con una excelente dosis de buena voluntad, seguíamos agregando mesas y sillas, haciendo caso omiso a los pocos velados reproches que formulaban nuestros invitados, cuyo fastidio estaba a la vista. Como podíamos saber en ese momento que muchos avisos de participación a la fiesta no llegaron en nuestro poder, y por eso tuvimos que ubicar casi sesenta personas más de las trescientas previstas. Con mi compañero de tareas consideramos prudente ir a comer a la cocina: otros lo estaban haciendo en forma más expeditiva, habilitando los pocos rincones libres con algún cajón de botellas vacías.Al final todo salió muy bien, y se pudo desarrollar el programa en la forma prevista.  La orquesta, durante las pausas, disimuló bastante el vocerío de los comensales: los músicos se encontraban ocultos detrás de una baranda, por estar ubicados en el altillo del salón.

Hubo abundancia de aplausos y también de poco ocultas emociones cuando nuestras esposas nos colocaron el botón rotario en la solapa, subrayando el acontecimiento con un beso.                                                        

Canio Nicolás Iacouzzi




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